El 2015 va a pasar a la historia, no como el año de la paz y la reconciliación, ni como el año del perdón como sesgada y equivocadamente informa la Revista Semana. El 2015 será recordado como el año en que, como resultado de la claudicación de la utilización de la fuerza legal y constitucional del Estado para la defensa de sus ciudadanos, algo a lo que ningún gobierno democrático debería atreverse a renunciar, la institucionalidad y la ley Colombiana fueron vapuleadas sin control, acomodándolas impúdicamente a la conveniencia siniestra de un grupo criminal genocida y narcoterrorista de 8,000 miembros que lleva 50 años desangrando al país y 224,000 muertos que aparentemente fueron suficientes para arrodillar a un presidente miope y con agenda propia.
Lo que se viene es peor: a pesar de que el gobierno quiere que nos sintamos en postconflicto hace más de 18 meses, lo que esta por venir desde el 2016 es la ejecución del proceso de impunidad y lavado de activos mas grande de la historia, con el cual, este grupo criminal será reinsertado a las patadas a la sociedad Colombiana que los aborrece, luego de un proceso dizque de justicia transicional, que no tiene nada de justicia ni de transicional, sino que es en la práctica el pisoteo vulgar de la legislación penal de Colombia, inclusive en el ambiente de una negociación de paz.
Esto es por lo que este presidente y sus negociadores quieren que celebremos: un tribunal de justicia con unos jueces cuyo proceso de selección se ha mantenido descarada y convenientemente oculto pero que es un secreto a voces que entrarán a dichos tribunales con camiseta de las FARC; unas condenas dizque con restricción de libertades que pueden querer decir cualquier cosa menos justicia; una negación sistemática a reparar a sus millones de víctimas con el argumento de que no tienen plata, cuando varios estudios demuestran que su patrimonio mal habido y manchado de sangre asciende aproximadamente a 40,000 millones de dólares y 2 millones de hectáreas expropiadas a bala y desplazamiento; una elegibilidad política con curules directas, regaladas.
Hasta el momento, las FARC lo han logrado todo:
1. Santos aprueba, a pesar de la funesta experiencia con Chavez, que Venezuela sea garante del proceso.
2. El gobierno acepta que lideres de las FARC que están a punto de ser capturados o dados de baja aparezcan en LaHabana dizque de negociadores.
3. La Corte Suprema de Justicia dice que el narcotráfico es un delito “conexo” a la rebelión. Se espera que se decida lo mismo para el secuestro, la extorsión y poner collares bomba.
4. El gobierno suspende la fumigación con glifosato.
5. El Consejo de Estado declara que las FARC no son una organización terrorista.
6. Revisión de la doctrina militar, tendiente a reducir las FFAA y volverlas policía cívica y de fronteras.
7. El gobierno suspende la exitosa campaña de invitación a la reinserción de los guerrilleros activos.
8. El gobierno accede a un cese al fuego bilateral sin condiciones (sin concentración, sin vigilancia, sin suspensión de otros delitos “conexos”).
9. El gobierno accede sin siquiera una revisión apropiada, a que las FARC digan que la forma como van a reparar a sus víctimas es con la búsqueda de restos humanos de sus crímenes y de minas sembradas por ellos mismos.
La cereza del postre es que este exabrupto será votado en las urnas por los Colombianos mediante un plebscito que es el resultado de una vergonzosa violación de la ley electoral para acomodar el umbral electoral para que el proceso sea votado favorablemente sin riesgo de perder, sin querer esto decir que no correrá mermelada a raudales para que las fuerzas electorales del país, manipuladas desde el Congreso voten juiciosas y disciplinadas.
Pero increíblemente esto no es todo. Las pobres viejecitas sin nadita que comer ni platica para reparar a sus víctimas deben ser mantenidas por el Estado una vez desmovilizados. Quien pagará a estos angelitos para que los que están el LaHabana se conviertan en congresistas con millonarios salarios y los que están en el monte no nos sigan matando? Todos nosotros, incluyendo sus víctimas (!) con nuestros impuestos, en lo que se podría catalogar como el ejemplo de extorsión generalizada y “legalizada” mas grande de la historia.
Ya lo había dicho Santos en su momento: “La paz (el Nobel) a las buenas o a las malas”. En esto, a diferencia de casi todo lo demás, no le mintió a los Colombianos.
Pobre Colombia!